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El Crespin

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Es un ave solitaria que puebla los bosques del Chaco, y su particularidad es la de emitir un silbido particular durante su período anual de celo, que coincide con las festividades de los Santos Difuntos, en el verano sudamericano. El crespín marca su territorio y emite su llamado amoroso, encontrando siempre correspondencia de alguna hembra que gusta de la sutileza de la nota musical que emite. Cuando el desprevenido animal escucha otro silbido, reacciona estimulado por su sentimiento de propiedad de las hembras que ingresan en su territorio, por lo tanto concurre a pelear por sus derechos. A descubrir que se trata de un humano, simplemente continúa silbando. La imaginería popular ha dicho que propina castigos físicos a quien se burla de la desgracia de esa "alma en pena". Afirman haber sido castigados por apariciones amorfas, que han quedado ensordecidos por la intensidad e los silbidos. Para contrarrestar esta reacción de las almas castigadas, elevan oraciones católicas pidiendo por el eterno descanso y absolución de castigos divinos.
Como corresponde a los pueblos de menor desarrollo intelectual, incapaces de justificar grandes enigmas mediante elaboradas abstracciones intelectuales, crean una leyenda que explica el origen de las cosas sobre la cual tienen dudas de su origen. Dicen que Crespín tenía una hermosa mujer como esposa, que se amaban, pero ella sentía una afición incontrolable por el baile. Esta preferencia causaba peleas que desembocaron en el abandono de la mujer a su marido. Así podía bailar hasta el amanecer en cuanta bailante se la invitara. Cierta vez tuvo noticias de una grave enfermedad de Crespín. Respondiendo a su sincero amor concurre al rancho, donde encuentra a su marido en estado delicado. Rápidamente sale a buscar a la curandera, pero en el camino encuentra un concurrido baile. No puede resistir sus ganas de danzar y se queda hasta el final. Cuando regresa, su esposo yace muerto. Dios la castiga, transformándola en un solitario pajarito, que vaga llamando incesantemente a su marido, Crespín... Crespín... Crespín...
Utilizando un relato sencillo, casi ingenuo, ciertas culturas llamadas "primitivas", subliminalmente dejaban el mensaje de potenciación del amor entre las parejas. Se establecía la obligación de respetar por sobre los gustos individuales, los intereses de la pareja, en respuesta al amor que los unía.

La Salamanca

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Llegó al Chaco junto con los santiagueños que se desplazaron hacia nuestra provincia atraídos por la zafra algodonera y la gran demanda de mano de obra que en ese tiempo ofrecía la actividad forestal. Algunos de ellos fueron conducidos por sus "Patrones" (los colonos) que viajaron expresamente a buscarlos. Otros simplemente arrearon sus míseros ganados, cargaron sus pocos enseres en zorras o volantas e hicieron el viaje hasta el sector noroeste del Chaco, donde se afincaron como pequeños criadores de ganado criollo. Desarrollaron una agricultura de subsistencia y muchos de ellos estacionalmente participaban de la cosecha del algodón en los alrededores. En las noches, en ruedas de fogón, contaban a sus jóvenes historias sobre la LA SALAMANCA. El gran interés que despertaron estas narraciones hizo que sea un excelente recurso para infundir miedo, aumentar su prestigio de "hombres experimentados" y sobre todo, transmitir pautas culturales, y valores de tipo ético o moral. Esta actitud, nos permite valorar el ingenio de los primeros criollos que sin haber recibido educación formal, descubrieron que el relato de historias fantásticas podía llevar entre líneas, aquellas enseñanzas que le interesaba transmitir a sus hijos. Igual procedimiento fue utilizado por los primeros pueblos europeos. Es decir, fabulando historias que interesaban sobremanera a los cándidos repertorios, explicaron el origen del mundo material, satisficieron la curiosidad respecto de los fenómenos internos del alma, dieron a conocer reglas de comportamiento social y encontraron una respuesta a la gran duda sobre el origen del mundo.
La Salamanca es el baile de los diablos. En ese aquelarre donde participa todo el Averno. Encontramos allí a los excluidos, las brujas, los asesinos, los malditos y también a quienes asisten para adquirir determinadas destrezas. El diablo mayor otorga el don de ser el mejor guitarrero, el mejor domador, suertudo con las guainas, ganador en los juegos de azar, buen cuchillero y mejor rastreador, a quien, pacto de sangre mediante, firme un TRATO con él. Este convenio consiste en adquirir las destreza deseada, a cambio del alma, la que será entregada cumplido el plazo que se estipula en el acto. Pero para ganar la confianza del Tío, es necesario vencer pruebas de valor antes de ingresar al recinto. Soportará el salamanquero el embate de horribles bestias, furiosas víboras, sonidos que hielan la sangre, visiones demoníacas, cruzará senderos de espinas y fuego, pero principalmente abjurará de Dios, escupiendo a la entrada un crucifijo. Cerrado el trato, sale al mundo a despertar la envidia de otros varones y la admiración de las mujeres.
En Santiago del Estero dicen que la Salamanca se halla en la profundidad de los montes. Que los solitarios sacheros suelen escuchar una música irresistible en la lejanía de la espesura. Quien tema las malas artes, o por principios religiosos reniegue de esas prácticas, evitará dejarse llevar por la tentación. En Catamarca, cuando alguien es sospechado de haber visitado la Cueva del Diablo (socavones en la montaña) observan al pasar éste si proyecta sombra, señal inequívoca que es prueba irrefutable. En Chile dicen que para llegar al lugar es necesario conocer la fórmula mágica que debe pronunciarse, la cual es transmitida por alguien que ya estuvo allí. En nuestro país, para llegar a La Salamanca, se requiera de la firme voluntad de hacerlo, armado de un coraje extraordinario para vencer todos los peligros figurados que deberá sortear para alcanzar tan preciadas habilidades.
La creencia en La Salamanca proviene de España. Allí al finalizar la expulsión de los moros, se tejieron historias sobre las prácticas de brujería y magia negra que llevaban a cabo los invasores en las cuevas de las montañas y la más famosa era la Cueva de Salamanca. Hay en la actualidad una provincia homónima en el norte de ese país y también una diócesis. La literatura ibérica satirizó a la sociedad de la época, creando obras donde los protagonistas cuya moral se cuestionaba, eran visitadores de las Cuevas para estudiar magia negra. En la Argentina, el cancionero popular ha abordado el tema, lo mismo que la literatura gauchesca (recuérdese Santos Vega y Don Segundo Sombra).

El Coquena

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Es una deidad diaguita-calchaquí, cuya función principal es vigilar los rebaños salvajes de llamas, guanacos y vicuñas, cuidando que los cazadores no maten innecesariamente. Habita en la puna salteña y Jujeña, persiguiendo a quien mata con armas de fuego. Se dice que es un hombrecito retacón, de cara blanca y con barba. Según Edgardo Bossi es lindo, elegante, lleva un sombrero ovejón y usa ropa tejida con lana, pantalón de barracán, camisita de lienzo y un collar de víboras relumbrando, calza sus pies con ojotitas con clavos de plata. Cambia su poncho todos los años para el carnaval y lo entierra, al viejo, en donde tiene su tesoro escondido. Es el patrón de los animales del campo y de los cerros. Sólo permite que cacen por necesidad y a la vieja usanza (rodeando las tropas con hilos y trapos colorados y boleándolas). Suele premiar con monedas de oro a los pastores que cuidan bien sus rebaños, y no sobrecargan las llamas en las travesías por la montaña. Para pedirle permiso a Coquena, hay que dejarle ofrendas sobre una apacheta. Se coloca una tortilla de cocho, (mezcla de harina de maíz, con algarroba molida, azúcar o melaza) coca y un poco de chicha. De ese modo el dios protegerá al cazador, guiándolo hacia los rebaños más gordos y numerosos.
Se dice que silba entre los cerros, masca coca continuamente, y trata de ocultarse a los ojos curiosos de los humanos. Vigila los rebaños que pacen en la montaña, y cuando se ven animales sin la compañía de un pastor, la gente de la zona comenta que es Coquena quien los guía hacia los pastos tiernos. También se dice que durante la noche lleva rebaños cargados de plata y oro extraído de las minas cordilleranas hacia el Sumaj Orko de Potosí, para que sus riquezas no se agoten.
Coquena es difícil de encontrar, pero si por casualidad alguien lo ve, se lo considera como un mal presagio. La visión es sumamente fugaz, porque de inmediato se transforma en un espíritu. No es un duende temido, porque no asusta, ni hace el mal. Sólo castiga a quien utiliza armas de fuego, o mata sin necesidad.
Para Lázaro Flury, se confunde con el Llajtay, que atraviesa los cerros silbando, ocultándose de la mirada de los humanos. Este estudioso recogió una anécdota que dice que cierta vez un montañés se enteró en Tilcara que Coquena había regalado una bolsa con monedas de oro a un cazador furtivo, para que deje de matar. Inmediatamente, para provocar un encuentro con el duende, tomó su escopeta y se dirigió a las montañas, comenzando una matanza de vicuñas. Coquena, no se mostró al hombre, sino que lo castigó a vagar errabundo por los cerros, cuidando una majada imaginaria. El cazador se volvió opa.
Berta Elena Vidal de Battini recogió una versión del Llajtay en Ischilón (al este de Tucumán) donde se describe al duende que Fortuny dice se trata de la misma deidad:... petiso, fornido, de larga barba blanca, vestido como un pastor de cabras. Calza ushutas (sandalias indias) y lleva un urku de lana de alpaca o vicuña, (gorro con orejeras) en su cabeza, debajo del cual se observan ojos negros intensos. Da saltos increíbles en las laderas tocando su flauta de húmero de cóndor, alegrando toda la Puna.
Entiendo que esta deidad cordillerana cumple la misma función que el Pombero, y tantos otros asustadores. Creo que no se confunden las interpretaciones populares. Se trata de adaptaciones que hacen los lugareños de sus saberes recibidos vía transmisión oral, aplicando luego a sus relatos, las características de su idiosincrasia.

El Basilico

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Ingresa esta creencia a nuestra provincia con los santiagueños que llegaron para trabajar en la zafra algodonera y los obrajes. Dicen las abuelas santiagueñas que el Basilisco es una víbora con patas y cabeza de gallo. Que tiene la mirada penetrante, que mata con solo mirar a los ojos a las personas. Además su aliento es tan fuerte, que las plantas se marchitan cuando él exhala su aliento sobre ellas. Nace de un huevo de gallo puesto a la medianoche, sin yema, y empollado por un sapo. Para matarlo se debe colocar un espejo delante de él, para que se auto fulmine. No rapta, ni asusta a las personas. Debe tenerse cuidado de encontrarlo por el riesgo de morir fulminado por su mirada.

La dispersión de la leyenda hace que en el noroeste argentino se afirme, que los tesoros o "tapados" escondidos en las cuevas de las montañas, son custodiados por Basiliscos. Quizá esta afirmación sea una transmisión no sistemática de la creencia europea de los primeros tiempos de la minería. Decían los mineros que en los socavones morían víctima del aliento de este terrible animal. En realidad se trataba de gases venenosos, de cuya presencia aprendieron más tarde a protegerse. Como toda leyenda popular, cuando un fenómeno físico sobrepasa los conocimientos que ostenta el hombre que lo observa, encuentra una salida sencilla y satisfactoria, mediante la fabulación. En la antigüedad, los habitantes de la región de Cantabria (España) afirmaban conocer al Basilisco y el arma que utilizaban para protegerse de él, era un gallo que portaba debajo del brazo, para que cante ante la presencia del demonio, único capaz (el gallo) de contrarrestar su poder. En antiguos tratados de Historia Medieval y China, encontramos relatos de Basiliscos con mucha frecuencia. Además en Europa se acostumbraba bautizar las piezas de artillería, con nombres de animales que configuraban una alegoría a su poder de destrucción. Basilisco se llamó a una pieza de artillería, de bronce, de gran calibre, que cayó en desuso por lo incómodo de su manejo.

A consecuencia de la imposición cultural que significó el implante forzoso de la religión traída por los españoles, y la silenciosa resistencia a abandonar sus antiguos dioses de parte de los nativos, se produjo un sincretismo desordenado de algunas cuestiones culturales. Entonces es común encontrar límites imprecisos entre paganismo y religión (oficial). Así tenemos presencia de Basiliscos en la concurrencia de Salamancas, o custodios de antiguos tesoros en oro y plata enterrados por los aventureros españoles u Obispos poderosos ante la posibilidad de saqueo.

El alma Maula

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Creencia llegada a nuestro suelo con los santiagueños. El recurso de inventar historias que despierten temor en los auditorios de fogones, especialmente jóvenes, fue una herramienta eficaz para transmitir oralmente, valores y principios que fueron sumamente necesarios a la hora de establecer reglas de convivencia y una escala de valores en la que se asentaría las nuevas generaciones.

En Santiago del Estero, la Mula Ánima o Alma Mula, vaga en lo espeso de los montes, arrastrando una cadena, mientras larga fuego por los ojos y los ijares. Si encuentra algún desprevenido que se aventura solo a altas horas de la noche, lo mata a patadas. La razón de la cadena, que además produce un gran ruido, es la esperanza que tiene la mujer maldita convertida en mula, de que algún varón bien varón la sofrena venciendo el miedo, y e esa manera su alma será redimida para viajar al cielo.

En la zona serrana, vaga por la falda de los cerros una mula maldita, haciendo mucho ruido mientras larga fuego por los ojos y los ijares.

Arrastra un "freno", que le produce dolor cuando pisa las riendas, que le hace gritar de manera horrible, que hiela la sangre de quien la escucha. Mata a patadas a quien encuentra vagando en la alta noche serrana. También un hombre de mucho coraje y fe, puede salvar esa alma maldita.
Deberá sofrenarla, para que se transforme en mujer, cuya alma, inmediatamente se elevará purificada al cielo.

Otras variantes, dicen que la mula maldita, recorre los alrededores de las poblaciones en días de tormenta. Antes de comenzar su periplo llega hasta la puerta de la iglesia, y luego comienza a caminar largando fuego por los ojos y la boca, arrastrando un "freno". Mientras se desplaza emite desgarradores gritos de dolor, el es producido al pisar las riendas que arrastra. Si alguien con mucho coraje quiere redimir esa alma maldita, deberá trazar el dibujo de una habitación, en el patio de la iglesia con un facón y esperar de rodillas su aparición. La forma de cruz de la empuñadura protegerá al valiente, que debe cortar el freno para conseguir el perdón divino de la mujer impura.

En todos los casos la transformación se debe a un castigo divino, dado a una mujer de vida disipada que se mezcló en amores carnales con un cura, con su padre, o con su hermano. En el Chaco los jóvenes campesinos se gastan bromas llamándose "lomo negro", en alusión a la banda oscura que tiene en el pelaje la mula, que le recorre toda la espina dorsal, desde la cabeza al nacimiento de la cola.

La Telesita

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Cuenta la tradición que Telésfora Castillo, a quien llamaban Telesita, había nacido en Tolojona, y que vivió a mediados del siglo pasado en la región del Salado (Departamento Figueroa, Santiago del Estero). Conocida en toda la provincia como alma milagrosa, se la llama en algunos lugares, Telesita, Tele o Telésfora. (-según las versiones- era una "inocente" (poca inteligencia)).

Era de extraordinaria belleza y ambulaba constantemente por el interior de los bosques, frecuentando algunos boliches donde cantaba y bailaba, habiendo quien asegura haberla visto en la misma ciudad de Santiago del Estero. Los paisanos se acostumbraron pronto a la Telesita, a quien querían por su bondad y sencillez. Pero un día - ellos lo dicen - amaneció quemada en un rancho, habiendo quien afirma haberla hallado muerta en una acequia a tres leguas de la ciudad de Santiago del Estero.

Una versión cuenta que se trataba de una jovencita que mendigaba y murió quemada al tratar de calentarse junto a un fogón. Otra versión la presenta como a una muchacha que sólo gustaba de bailar y que, atraída por los sones de una caja, se acerco danzando a una fogata, de donde saltó una chispa que prendió en sus vestidos y la carbonizó. En suma, todas las leyendas coinciden en la circunstancia de la muerte trágica.

Lo cierto es que después de su muerte, la Telesita estaba más cerca de los campesinos que antes y se le han atribuído milagros sorprendentes. Se encomendaban - y aún lo hacen - a ella, ofreciéndole un baile con bombo y violín. Y aseveran que así que se producía una pérdida de algún vacuno o prendas de valor eran robadas se hallaban indefectiblemente después de ofrecerle un baile en el que abundase el aguardiente hervido con poleo.

(Si a alguien se le extravía algo, le ofrece una Telesiada, baile con caña y música que se inicia con un chacarera... No se puede cambiar de pareja y se baila hasta caer al piso (por la cantidad de alcohol ingerido o por el cansancio)).

Las reuniones que se hacen en su homenaje se llaman Telesiadas, y se llevan a cabo en la casa del que ofrece el baile. Se prepara un muñeco de papel o trapo y se lo coloca sobre una mesa o catafalco, simulando así el cuerpo de la Telesita. Cuatro o cinco velas puestas a su alrededor se encienden antes de comenzar el baile. Cuando éste se inicia, el promesante y su mujer bailan siete chacareras seguidas, y entre una y otra se bebe una copa de caña o aguardiente (los dos danzarines). Después se generaliza el baile y corre abundante la caña, cerveza o vino u otra bebida cualquiera. La música se ejecuta especialmente en los siguientes instrumentos: caja, bombo, violín y guitarra.

Las canciones que tradicionalmente se tocan son chacareras, zambas, gatos, etc. También se escuchan " coplas al angelito ", es decir no alusivas a ella. La fiesta termina a la madrugada, hora en que la imagen de la Telesita es quemada ritualmente, para rememorar el triste fin que en vida tuvo la Telésfora .

Cuenta la tradición que Telésfora Castillo, a quien llamaban Telesita, había nacido en Tolojona, y que vivió a mediados del siglo pasado en la región del Salado (Departamento Figueroa, Santiago del Estero). Conocida en toda la provincia como alma milagrosa, se la llama en algunos lugares, Telesita, Tele o Telésfora. (-según las versiones- era una "inocente" (poca inteligencia)).

Era de extraordinaria belleza y ambulaba constantemente por el interior de los bosques, frecuentando algunos boliches donde cantaba y bailaba, habiendo quien asegura haberla visto en la misma ciudad de Santiago del Estero. Los paisanos se acostumbraron pronto a la Telesita, a quien querían por su bondad y sencillez. Pero un día - ellos lo dicen - amaneció quemada en un rancho, habiendo quien afirma haberla hallado muerta en una acequia a tres leguas de la ciudad de Santiago del Estero.

Una versión cuenta que se trataba de una jovencita que mendigaba y murió quemada al tratar de calentarse junto a un fogón. Otra versión la presenta como a una muchacha que sólo gustaba de bailar y que, atraída por los sones de una caja, se acerco danzando a una fogata, de donde saltó una chispa que prendió en sus vestidos y la carbonizó. En suma, todas las leyendas coinciden en la circunstancia de la muerte trágica.

Lo cierto es que después de su muerte, la Telesita estaba más cerca de los campesinos que antes y se le han atribuído milagros sorprendentes. Se encomendaban - y aún lo hacen - a ella, ofreciéndole un baile con bombo y violín. Y aseveran que así que se producía una pérdida de algún vacuno o prendas de valor eran robadas se hallaban indefectiblemente después de ofrecerle un baile en el que abundase el aguardiente hervido con poleo.(Si a alguien se le extravía algo, le ofrece una Telesiada, baile con caña y música que se inicia con un chacarera... No se puede cambiar de pareja y se baila hasta caer al piso (por la cantidad de alcohol ingerido o por el cansancio)).

Las reuniones que se hacen en su homenaje se llaman Telesiadas, y se llevan a cabo en la casa del que ofrece el baile. Se prepara un muñeco de papel o trapo y se lo coloca sobre una mesa o catafalco, simulando así el cuerpo de la Telesita. Cuatro o cinco velas puestas a su alrededor se encienden antes de comenzar el baile. Cuando éste se inicia, el promesante y su mujer bailan siete chacareras seguidas, y entre una y otra se bebe una copa de caña o aguardiente (los dos danzarines). Después se generaliza el baile y corre abundante la caña, cerveza o vino u otra bebida cualquiera. La música se ejecuta especialmente en los siguientes instrumentos: caja, bombo, violín y guitarra. Las canciones que tradicionalmente se tocan son chacareras, zambas, gatos, etc. También se escuchan " coplas al angelito ", es decir no alusivas a ella. La fiesta termina a la madrugada, hora en que la imagen de la Telesita es quemada ritualmente, para rememorar el triste fin que en vida tuvo la Telésfora.

Esta es la copla popular donde el que se encuentra con el alma en pena de la Telesita aprende lo que debe decir para congraciarse:
- Qué andás haciendo, Telesita.
- Aquí ando, pues.
- A ver, bailámelo, Telesita.
- Bueno, te lo bailaré..La Telesita tiene ciertos puntos de contacto en lo que se refiere a la posibilidad de culto y ofrendas, de rescatar lo perdido, con el Negrito del Pastoreo, el alma del Quemadito y la Difunta Correa en nuestro país, con el Sacy Perere en Brasil y el Señiles de Panamá.